Al analizar los pagos finales, la marca descubrió que Amazon y otros marketplaces 1P descontaban múltiples conceptos: cargos comerciales, ajustes, penalizaciones, devoluciones y costos no siempre claros. Aunque las ventas se veían bien en volumen, el monto neto recibido era considerablemente menor al esperado. En varios periodos, la marca terminaba absorbiendo costos y, en la práctica, poniendo dinero de su propia bolsa para sostener la operación. Además, cualquier intento de ajuste de precios se volvía extremadamente complejo. Enviar solicitudes de cambio implicaba procesos largos, sin contacto humano directo, con tiempos de respuesta inciertos y, en muchos casos, sin garantía de aprobación. La falta de comunicación y control hacía que la operación fuera rígida, lenta y frustrante.